Viernes, 14 de diciembre de 2007
En este trabajo se presentarán los aspectos que se relacionan con la producción del discurso historiográfico dando cuenta de su complejidad desde el abordaje de distintos autores que proponen una critica al modelo occidental sobre como hacer la historia, sus procedimientos, su lugar, las condiciones de producción, entre otros.
En este trabajo se presentarán los aspectos que se relacionan con la producción del discurso historiográfico dando cuenta de su complejidad desde el abordaje de distintos autores que proponen una critica al modelo occidental sobre como hacer la historia, sus procedimientos, su lugar, las condiciones de producción, entre otros.
A partir de la puesta en cuestión acerca del cómo y desde donde se narra la historia aparece el sujeto, el cual esta situado en relaciones de producción y de significación, se halla situado en relaciones de poder que son extremadamente complejas. El que enuncia es el sujeto pero lo que se objetiva es el discurso. Se trata de un discurso que intenta organizar un sentido de la realidad, la cual intenta imponerse y legitimarse como la única posible y digna de ser escrita.
La operación histórica, según Michael de Certeau, se refiere a la combinación de un lugar social, de prácticas científicas y de una escritura. El análisis de las condiciones previas de las cuales el discurso no habla permite precisar las leyes silenciosas que organizan el espacio producido como un texto. La escritura histórica se construye en función de una institución cuya organización parece invertir: obedece a reglas propias que exigen ser examinadas en si mismas (Michael de Certeau, E H.Pág. 6
. Este autor hace referencia a un enlace con un lugar de producción socioeconómico, político y cultural.
El lugar dejado en blanco u oculto por el análisis que exageraba la relación de un sujeto individual con su objeto es la institución del saber. Se trata de un sitio particular en una nueva distribución del espacio social. El establecimiento de un saber no puede separarse de la institución social (E H, Pág. 73). La institución social queda como condición de un lenguaje científico que no sólo da una base social a una doctrina sino también la vuelve posible y la determina.
De esta manera es imposible analizar el discurso histórico independientemente de la institución en funciona de la cual se ha organizado su silencio. Según Habermas el mismo texto confiesa su relación con la institución. Por ejemplo, el nosotros del autor nos remite a una convención. En el texto, es la escenificación de un contrato social “entre nosotros”. Es un sujeto plural que “sostiene” al discurso. Un nosotros se apropia del lenguaje por el hecho de presentarse como el locutor. De este modo, se revela prioridad del discurso histórico sobre cada obra historiográfica particular, y la relación de dicho discurso con una institución social. La mediación de este “nosotros” elimina la alternativa que atribuiría la historia ya a un individuo, ya a un sujeto global. Nos ofrece la positividad de un lugar donde se apoya el discurso sin identificarse con él. Esas leyes silenciosas organizan una verdadera “policía” del trabajo: es preciso estar “acreditado” para tener acceso a la enunciación historiográfica. (E H, Pág. 76)
La historia como práctica “científica”, productora de conocimientos, es una práctica cuyas modalidades dependen de las variaciones de sus procedimientos técnicos, de normas y presiones que le son impuestas por su lugar social y por la institución del saber en donde se ejerce, y también por reglas que organizan su escritura. Todo lo cual puede enunciarse de manera inversa: la historia es un discurso que pone en acción construcciones, composiciones, figuras que son las mismas de toda escritura narrativa y también de la fábula. Pero es también una práctica que al mismo tiempo produce un cuerpo de enunciados “científicos”, si uno entiende por ello la posibilidad de establecer un conjunto de reglas que permite “controlar” operaciones proporcionadas a la producción de objetos determinados
Al respecto Foucault plantea que en toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar los poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad. De los tres grandes sistemas de exclusión que afectan al discurso, la palabra prohibida, la separación de la locura y la voluntad de verdad, éste ultimo aparecen como enmascaradas pero es una maquinaria destinada a excluir. La Voluntad de verdad es el discurso que históricamente pasa de ser considerado verdadero de acuerdo a quien lo enuncia, ha ser considerado verdadero de acuerdo al enunciado mismo, su sentido, su forma, su objeto, su relación con su referencia.
Certeau sostiene que esa referencia es un sistema que circunscribe a toda interpretación histórica, dicho sistema es como una “filosofía” implícita particular, que al infiltrarse en el trabajo de análisis, organizándolo sin que este lo advierta, remite a la “subjetividad” del autor. Así los hechos históricos se hallan constituidos por la introducción de un sentido en la “objetividad”. Enuncian en el lenguaje del análisis “selecciones” que le son anteriores, que no resultan de la observación -y que no son ni siquiera “verificables” sino “falsificables” gracias a un examen critico. Esto es fuertemente criticado por De Certeau, que sostiene que la “relatividad histórica” compone un cuadro donde sobre el fondo de una totalidad histórica se destaca una multiplicidad de filosofías individuales, las de los pensadores disfrazados de historiadores. (E H, Pág. 70)
El retorno a las decisiones personales se efectuaba tomando como base dos postulados. Por una parte, al aislar del texto historiográfico el elemento filosófico se le suponía una autonomía a la ideología. Un orden de ideas se apartaba de la práctica histórica. Es decir, el texto sería independiente la ideología. Por lo demás esos pensadores se suponen que son un grupo aislado de su sociedad bajo el pretexto de una relación más directa con el pensamiento.
La pluralidad de estas subjetividades filosóficas tiene como efecto el conservar a los intelectuales en una posición singular. Las cuestiones de sentido deberían ser tratadas entre ellos, y la explicitacion de sus diferencias en el pensamiento debería gratificar al grupo entero con una relación privilegiada en el mundo de las ideas. Los ruidos propios de una fabricación, las técnicas, las presiones sociales, las posiciones profesionales o políticas, nada debe turbar la paz de esta relación: el silencio es el postulado de este tipo de epistemología.
Foucault habla de procedimientos que controlan y seleccionan la producción del discurso en la que la disciplina es un principio de control y fija sus límites. Todo discurso existe en el contexto de un sistema de regulaciones, de mecanismos restrictivos o como el los denomina también, de rarefacción.
La organización de las disciplinas se opone tanto al principio del comentario como al del autor. Al del autor, porque una disciplina se define por un ámbito de objetos, un conjunto de métodos, un corpus de proposiciones consideradas verdaderas, un juego de reglas y de definiciones, de técnicas y de instrumentos: una especie de sistema anónimo a disposición de quien quiera o de quien pueda servirse de él, sin que su sentido o validez estén ligados a aquel que ha dado en ser el inventor. Pero el principio de la disciplina se opone también al del comentario; en una disciplina, a diferencia del comentario, lo que se supone al comienzo no es un sentido que debe ser descubierto de nuevo, ni una identidad que debe ser repetida, es lo que se requiere para la construcción de nuevos enunciados. Para que haya disciplina es necesario que haya posibilidad de formular, de formular indefinidamente nuevas proposiciones.
Otra característica de la historiografía es la separación de su propio presente de un pasado. (De Certeau) Así, la cronología se compone de períodos entre los cuales se traza cada vez la decisión de ser otro o de no ser más lo que ha sido hasta entonces . Por turno, cada tiempo nuevo ha dado lugar a un discurso que trata como “muerto” a todo lo que le precedía, pero que recibía un “pasado” ya marcado por rupturas anteriores.
El corte es el postulado de la interpretación (que se construye a partir de un presente) y su objeto (las divisiones organizan las representaciones que deben ser re-interpretadas). El trabajo determinado por este corte es voluntarista. Opera en el pasado, del cual se distingue, una selección entre lo que puede ser “comprendido” y lo que debe ser olvidado para obtener la representación de una inteligibilidad presente. Pero todo lo que esta nueva comprensión del pasado tiene por inadecuado -desperdicio abandonado al seleccionar el material, resto olvidado en una explicacion- vuelve a insinuarse en las orillas y en las fallas del discurso. Son lapsus en la sintaxis construida por la ley de un lugar, prefiguran el regreso de lo rechazado, de todo aquello que en un momento dado se ha convertido en impensable para que una nueva identidad pueda ser pensable.
La Historia se inscribe en un complejo que le permite solamente un tipo de producciones y le prohíbe otras. Así procede la doble función del lugar. La combinación del permiso con la prohibición es el punto ciego de la investigación histórica y la razón por la cual no es compatible con cualquier cosa. Sobre esta combinación debe actuar el trabajo destinado a modificarla.
La historia se define por una relación del lenguaje con el cuerpo (social) y por su relación con los limites que impone dicho cuerpo, sea al modo propio del lugar desde donde se habla, sea al modo propio del objeto-otro (pasado, muerto) del que se habla. La historia queda configurada en todas sus partes por el sistema con que se elabora (H E, Pág. 81)
Señala de Certeau que toda empresa científica produce artefactos lingüísticos autónomos, es decir, lenguas y discursos propios que transforman las cosas y los cuerpos de los que ya se separaron, reforman o revolucionan según la ley del texto el mundo que los rodea. Por eso se propone hacer visible el lugar presente del que toma su forma la reconstrucción histórica cronológica y su ficción lineal del tiempo. Su objetivo es evitar la ficción de un metalenguaje que unifique el todo para que se haga evidente el carácter limitado de los procedimientos científicos y lo que les falta de lo real. Evita así la ilusión dogmática de un discurso que pretenda hacer creer que es adecuado a lo real (ilusión filosófica) de un relato que quiera hacer la ley en nombre de lo real. Ve, así, en la historiografía un oximoron por la relación que implica entre dos términos antinómicos lo real y el discurso.
Ese discurso, según Foucault no son un conjunto de signos que remiten a contenidos o representaciones; sino prácticas que forman sistemáticamente los objetos de que hablan. Ese discurso es irreductible a la lengua y a la palabra, porque es algo más que un conjunto de palabras para designar cosas. El discurso no se diferencia de la lengua y de la palabra, es existencia muda de una realidad, uso normativo de un vocabulario (como un sistema de clasificación), descripción de un vocabulario. Las palabras y las cosas están unidas al vínculo que las une, la cual vemos como natural pero es una relación construida social y cotidianamente en las prácticas, en los discursos. Es el orden del discurso, la ley da orden a las cosas, el orden es la red secreta sede según la cual se miran en cierta forma unas y otras. Los códigos que rigen el lenguaje fija de antemano los ordenes empíricos con los cuales tendrá algo que ver y dentro de los que se reconocerá. Los modos de ser del orden son anteriores a las palabras, a las percepciones, a los gestos que la traducen.
Para De Certeau la escritura genera una distorsión ya que su ley es contraria a las reglas de la práctica desde el momento en que establece un orden cronológico donde se pretende como comienzo lo que es un punto de llegada o fuga en la investigación (que se hace en el presente).
En la práctica de la investigación de Certeau ve una táctica de desviación con respecto al modelo, es interminable, mientras que el discurso establece una conclusión (el libro, el artículo). El texto tiene un fin y el deber de acabar, organiza la introducción. El discurso establece un sistema y una coherencia designada por la unidad y por el nombre propio del autor. La escritura es entonces una ficción fabricadora de engaños y secretos, produce algo secreto en el lenguaje pero no es lo que pone en el lenguaje sino lo que quita, es igual a un cementerio, confiesa la presencia de la muerte, la pone aparte. Es un espejo ambivalente: al hacer historia impone las coacciones del poder pero cuenta historia y en ese sentido proporciona escapatorias (ver tema del relato en la invención de lo cotidiano).
Ante la pregunta ¿que fabrica el historiador cuando deviene escritor? se puede decir que la temporalización hace posible un orden coherente donde hay diferencias y lagunas. La narrativización (ficcionalización) que crea distintos espacios diferentes al espacio plano del sistema crea un espesor que permite colocar junto al sistema su contrario o resto.
Hace cuatro siglos que esta historiografía, como escritura y una práctica que simboliza a una sociedad, ha sido capaz de controlar el espacio que ella se ha dado. Reemplaza el cuerpo vivido con el enunciado de un querer saber o un querer dominar el cuerpo. Transforma la tradición recibida en texto producido. Lo dado es lo construido en el presente, la tradición deviene en pasado, que se excluye, se explota por métodos nuevos para no perder nada de ella.
Hay en otras culturas una relación distinta con el tiempo o con la muerte. En occidente el grupo se da autoridad con lo que excluye (en esto consiste la creación de un lugar propio) y encuentra su seguridad en las confesiones que obtiene de los dominados (constituyendo así el saber de otro o sobre otro). La historiografía trata de probar que el lugar donde se produce es capaz de comprender el pasado, por medio de un extraño procedimiento que impone la muerte y que se repite muchas veces en el discurso, procedimiento que niega la perdida, concediendo al presente el privilegio de recapitular el pasado en un saber.
Este procedimiento paradójico se simboliza y se efectúa con la escritura, la cual tiene valor de mito y de rito. En este sentid, escribir es construir una frase recorriendo un lugar que se supone en blanco: la página.
En occidente hacer historia lleva a la escritura. Esta practica tiene el valor de un modelo científico, no le interesa una verdad oculta que es preciso encontrar, es un símbolo por la relación que existe entre un nuevo espacio entresacado del tiempo y un modus operando que fabrica “guiones” capaces de organizar un discurso que sea hoy comprensible, y es a esto que se llama “hacer historia”.
Conocer estos aspectos y supuestos en la operación histórica, implica reconocer las leyes ocultas y silenciosas que operan en la producción historiográfica y en su escritura. Teniendo en cuenta desde donde se escribe, como se escribe y para que, es posible detectar los desafíos epistemológicos que se le plantea a la historia.
Algunos autores, teniendo en cuenta estas consideraciones sostienen la posibilidad de construir proyectos de diversalidad o diversidad el cual no debería quedar subsumido por universales abstractos o totalidades sino que requiere de la existencia de conectores que establezcan alianzas mundiales y que conecten proyectos que son similares en su diversidad histórica y epistémica surgida de la diversidad de cosmologías en conflicto (respecto a la cosmología occidental). Se trata de realizar una crítica constante a Europa como un referente silencioso y de discurrir cómo pretende ser el sujeto teórico de todas las historias, convirtiéndose en el “lugar de la verdad” (Foucault)
Al respecto Chakrabarty propone “provincializar Europa” que supone un proceso de des-colonización, historizar y desnaturalizar los innumerables supuestos articulados a un eurocentrismo (que no aparece como tal sino como el “natural orden de las cosas”), con la suma precaución de que esa provincializacion no se produzca dentro del esquema epistémico prevaleciente
Bibliografía Consultada
- Chakrabarty, Dipesh, “Poscolonialismo y el artificio de la historia: ¿Quién habla de los pasados indios?” en Walter Mignolo (Comp). Capitalismo y Geopolítica del conocimiento. Bs As. Ediciones del Signo. 2001
- De Certau, Michel. Historia y Psicoanálisis. México. Universidad Iberoamericana, 1998
- De Certau, Michel. La escritura de la historia. México. Universidad Iberoamericana, 1993
- Foucault, Michel. Las palabras y las cosas. México: siglo XXI, 1998 (Prefacio)
- Foucault, Michel. El orden del discurso
UNPSJB
Por: Maria Ester Santul | CULTURALes | Comentarios (0) | Referencias (0)
En este espacio busco compartir información reconstruida desde mi formación, trayecto laboral y experiencial que a veces suele ser gratificante porque... hay aprendizaje significativo!